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sábado, 31 de mayo de 2008

Día sin humos, ¿o no?

Hoy se ha celebrado el día sin humos, pero no sin automóviles, no, sino sin cigarrillos, sin tabaco, aunque la verdad es que a mi alrededor no se puede decir que se haya conseguido del todo, ya que los fumadores habituales lo han seguido haciendo.

Yo, siempre me he negado a fumar, a llenar mis pulmones de humo. Un humo que no le hace ninguna falta a mis pulmones, pues lo único que desean es aire puro para respirar. Con voluntad se consigue no fumar nunca, pero ya no es tan fácil que una vez iniciado el pernicioso hábito de fumar, la voluntad logre vencer al vicio. El problema reside en que el tabaco no es sólo tabaco, esto es que, como todos sabemos, los cigarrillo llevan algunas sustancias que producen una gran adicción.

Esta mañana un médico hablaba en la radio y comentaba los enormes beneficios que tiene para un fumador dejar de fumar un solo día. Me ha resultado muy sorprendente que un fumador consiga tantos beneficios por dejar de fumar durante 24 horas, sin embargo, la adicción de los fumadores es tan fuerte, que les cuesta muchísimo pasar el primer día sin fumar.

De hecho, tengo amigos que dejan de fumar. Se pasan un par de semanas, un mes, un par de meses sin fumar, pero luego, tras un tiempo que a mí ya me parece suficiente para haber dejado su adicción, vuelven a caer con todo su peso en el arte del fumeteo. Y además, pasan un periodo un poco deprimidos porque son conscientes de que habían logrado vencer al tabaco, que se sentían mucho mejor sin fumar, sin embargo siempre pasa algo que les impide la victoria absoluta.

Y yo me pregunto, ¿cómo se puede permitir que las industrias tabaqueras creen sus productos? ¿Por qué desde la ONU no se impide este negocio? Yo no conozco ninguna sustancia que sea tan maligna para el cuerpo humano y que sin embargo, a pesar de no estar bien vista, se permita alegremente su venta.

Supongo que declarar ilegal el tabaco no sería la solución, ya que podría pasar como en Estados Unidos cuando la ley seca, que unas mafias bien organizadas se dediquen a producir o importar de forma ilegal el tabaco.

Ahora que estamos en crisis económica, digan lo que digan Solbes y Zapatero, la verdad es que podría parecer efectivo seguir subiendo el precio del tabaco, que a mí, como no fumador, ya me parece que tiene un precio prohibitivo para lo que es en sí, pero a muchos fumadores les da igual.

También se podría tratar de impedir que las tabaqueras pusiesen las sustancias que crean adicción, sí, eso podría ser una solución, pero las compañías se negarían, pues no verían buenas oportunidades de negocio si el cliente puede decir no fácilmente. De todas formas, es algo sobre lo que se debería legislar a escala mundial, pues tal vez se pudiese llegar a acuerdos.

Lo que está claro es que lo que se viene haciendo hasta ahora, eso de eliminar la publicidad del tabaco, no está dando el resultado esperado, ya que aunque no haya publicidad estamos hartos de ver en la televisión, en el cine, y casi en cualquier lugar a gente fumando, con lo cual a nuestros adolescentes les siguen llegando los humos del tabaco, que son su auténtica publicidad.

En España, con la ley antitabaco, se ha conseguido que mucha gente deje de fumar en su lugar de trabajo así como en los lugares públicos. Si bien hay restaurantes que, una vez pasada la persecución inicial, ya están haciéndole trampas a la ley para tener a sus clientes bien confortables entre la neblina tabaquera.

Es cierto que gracias a esta ley los, por desgracia, fumadores pasivos vivimos un poco mejor, si bien todavía queda mucho trecho por recorrer, ya que a veces entras en un ascensor y su atmósfera es irrespirable debido a que alguien ha fumado allí previamente, o en un aseo público.

Está claro que los fumadores son víctimas, tal vez de una moda, que a cierta edad les influye mucho, en plena adolescencia, en la edad del pavo, pues el fumar se ha vendido siempre como un hecho propio de adultos, por lo que los adolescentes cada vez adelantan más su incorporación al pernicioso vicio.

Pero lo que tengo más claro aún es que las auténticas víctimas del tabaco son los no fumadores, o fumadores pasivos. A mí hace ya un tiempo, cuando fui al médico por un catarro, me llegó a decir que debía dejar de fumar, y por más que le decía que yo no fumaba, él como mal médico, no se lo creía, por lo que no me recetó drogas sino verduritas, que no es mala terapia, pero cuando hay fiebre, la hay...

Pienso que dentro de una cierta tolerancia con los fumadores se debería proteger mucho más a los fumadores pasivos, ya que si un médico puede llegar a confundir a un no fumador con un fumador sólo se puede deber a que los fumadores pasivos se estén impregnando de mucho más humo del que les tocaría. Y si triste es ver padecer a un fumador de cáncer de pulmón, todavía es mucho más triste ver a un no fumador padecer lo mismo pero por los humos ajenos.

Con esto lo dejo por hoy. Espero que mis palabras no me lleven a la hoguera, pues ya absorbo demasiado humo sin necesidad. Los merecedores del castigo del fuego purificador deberían ser los gobiernos de todo el mundo que son demasiado tolerantes con las industrias relacionadas con el tabaco, y por supuesto las industrias tabaqueras que por crear una innecesaria adicción van a quemar el interior de todas las personas, ya que por desgracia existen fumadores desconsiderados, también culpables, que no se preocupan de si cuando fuman hay no fumadores a su alrededor.

¡Buenas noches!

2 comentarios:

el inquisidor dijo...

Estoy contigo (empiezo a pensar que deberíamos casarnos!), a pesar de que como sabes, soy un fumeta!...

...pero quisiera, desde esta afirmación, darte mi punto de vista. Un punto de vista, seguramente, más radical que el de un no-fumador y basado exclusivamente en aspectos culturales (los médicos ya los conocemos).

Sencillamente me da asco!

¿Mande?, ¿Un fumador al que el cigarro le da asco?...al paredón!!!

Pues sí!, me repugna...me repugna entrar a un despacho y oler a tabaco, me repugna acercarme a alguien y que me "mate" con su aliento a nicotina...me repugna el mero gesto de agacharme delante de la máquina expendedora ávido de alquitrán...

...pero hay esperanza. Creo que está pasando igual que sucedió en su día con "las papeleras". Hace años ver a alguien tirar un papel al suelo pasaba totalmente desapercibido...nos daba igual!. Hoy en día se recrimina con la mirada, incluso se llama la atención de viva voz!...es raro verlo, pero lo importante es que la sociedad ha avanzado en ese aspecto.

E igual está pasando con el tabaquismo...ya no está tan bien visto como antes!. Empieza a verse como lo que es...anti-higiénico!

Y direis...¿Y por qué sigues?, a lo que os respondo...

"Acaso me he metido yo contigo!?"


Un fuerte abrazo (sin peste a petardo, te lo juro!)

PD: Viva Jarre manque-pierda!...y no olvides que tu colega Lorenna es una fumeta derrrrrrr copón...por aquello de los Celtas...vale, vale!, hoy me he quemao!!!

Opinador Lenguaraz dijo...

Querido y noble Inquisidor, espero que vuestra excelencia sepa perdonar mi tardanza en responder vuestro cáustico escrito, pero así son las cosas...
Como sabes, yo soy virgen en la cuestión de humos, ni tabaco, ni petas, ni nada que sea volátil, je, je. Pero tengo buenos amigos que muchas veces han tratado de dejar el tabaco y no siempre lo han conseguido, es más, a las primeras de cambio recaen.
Por más duro que sea el mensajito que viene en la cajetilla de tabaco, la gente fuma. Por más impuestos que se le pongan al tabaco, la gente fuma. Por más, etc.
En este tema la cuestión no es ser radical, ni los fumadores ni los no fumadores, más bien hay que ser tolerante, ya que el mundo es muy grande como para que no podamos vivir todos sin inconvenientes.
Es cierto que a mí me encantaría que los fumadores dejasen de fumar para que las industrias del tabaco dejasen de forrarse con la mala salud de sus clientes. Para ello no hay nada más impactante que mostrarles la imagen del interior de un pulmón absolutamente destrozado por el tabaco.
Aunque supongo que como eso no sería suficiente, lo mejor sería tratar de hacerles entender la desagradable sensación de besar a un cenicero. Lo que ocurre cuando un no fumador como yo besa a una fumadora, tal vez deberías probarlo, ja, ja, ja.
En cuanto a lo de casarnos, pues va a ser que no, que el banquete es muy caro, y se regalan puros...
Y recuerda: Jarre and his music for supermarkets!
Un abrazo inoloro.