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martes, 8 de abril de 2008

Sobre las inversiones en I+D.

Hoy he tenido el “gusto” de leer dos noticias que no me han dejado en absoluto indiferente. Se podría decir como en la típica frase hecha: una buena y una mala, ¿cuál os cuento primero? Pues ninguna de las dos...

Tal vez recordéis mi artículo acerca de las hipótesis sobre la desaparición de los dinosaurios. Entre unas hipótesis más o menos serias y contrastadas, había otras que no lo eran tanto, incluso había una del poco conocido científico O.L. en que afirmaba que los dinosaurios desaparecieron por el efecto de sus propias flatulencias. Ese día al despedirme declaraba merecedores del fuego purificador a los científicos que no toleraban ese tipo de hipótesis, por considerarlas descabelladas.

Sigo pensando como entonces, que las ideas geniales, tanto en la ciencia como en la tecnología, son fruto de echarle mucha imaginación a la manera de resolver un problema, pero eso sí, imaginación en la manera de resolverlo, no en la manera de plantearlo, ni siquiera en plantear un problema cuya respuesta es una verdad de Perogrullo. ¿Y a colación de qué viene esto? Pues de las dos noticias que he leído...

Supongo que todos sabéis que España es un país de escasa inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), aunque ahora esté más de moda el I+D+I... Por el contrario, los Estados Unidos son un país que invierte muchísimo capital en I+D, tanto de fondos públicos como de entidades privadas, en ambos casos en España estamos a años luz. Pero a veces el dinero, la inversión, no lo es todo, y se puede aprovechar mucho mejor en el país menos privilegiado en ese sentido.

El caso es que científicos españoles del Centro de Investigaciones Energéticas y Medioambientales (Ciemat), en colaboración con otros centros y empresas internacionales, han inaugurado una planta piloto de generación de hidrógeno con energía solar: Hydrosol II. Este nuevo reactor multiplica por diez al anterior que ha funcionado durante cuatro años y es capaz de producir continuamente nada menos que tres kilogramos de hidrógeno por hora. Habrá quien piense, ¡qué poca cantidad! Y no le falta razón...

Pero el auténtico mérito reside en que se logra producir hidrógeno a muy baja temperatura, a ton sólo 800 grados centígrados, vamos una temperatura óptima para bañar a nuestro bebé tras probar el agua con el codo...

Bromas aparte, el funcionamiento del Hydrosol II es similar al de la energía solar térmica para generar electricidad. En este caso los rayos solares se proyectan sobre cerámicas cubiertas de ferritas (materiales con oxígeno altamente activo), las cuales pierden el oxígeno ante el calor. Si después de eso se hace circular agua (H2O) por ellas recuperan el oxígeno disociando las moléculas de agua, obteniendo así el hidrógeno, que se almacena para su posterior uso, ¿en qué?

La idea que subyace detrás de todo esto es conseguir hidrógeno que servirá como futuro combustible de vehículos eléctricos. Ya que al hidrógeno se le aplica un nuevo proceso de hidrólisis, a la inversa, lo que nos da una pila de combustible que estará capacitada para impulsar los motores eléctricos de una nueva generación de vehículos que expulsen por sus tubos de escape únicamente vapor de agua.

Y eso se está haciendo en España, más concretamente en Almería, lo que significaría obtener un combustible renovable y no contaminante de la energía proveniente del Sol a través de unas simples placas solares, rebajando enormemente el coste energético de las formas convencionales de producir hidrógeno.

De momento tan sólo es un prototipo construido sobre una antigua planta de producción de electricidad, pero yo ya no veo distante su paso al mundo industrial. ¡Qué dinero más bien invertido!, ¿verdad?

Sin embargo, todavía queda la otra noticia que he leído, que es la siguiente: en Estados Unidos, se han gastado un dineral en estudiar el efecto de un conflicto nuclear regional sobre la capa de ozono, concluyendo que si se produjese la detonación del equivalente a 100 bombas atómicas como las de Hiroshima se provocaría un agujero masivo en la capa de ozono que afectaría gravemente a la vida en la superficie de la Tierra. ¡Bravo por ellos! ¡Menuda perogrullada!

Yo creo que a día de hoy quedan pocos habitantes del planeta con un mínimo de cultura que no sepan que después de una guerra nuclear, por más local o regional que sea, como poco tendríamos un auténtico invierno nuclear, que nos arrasaría a todos, y por si fuera poco nos quedaría la radiactividad... ¿En esa situación importará mucho el estado de la capa de ozono? Ni aunque vivamos en la parte opuesta del globo terráqueo, vamos, ya que evidentemente el impacto de esa guerra nuclear por más regional que sea sería global, ¿era necesario demostrarlo? En algo habría que gastar el dinero...

Para ello han simulado el impacto que tendría en la atmósfera el humo causado por los incendios de un conflicto nuclear entre Pakistán y la India. ¡Al menos los países elegidos tienen armas nucleares!

Evidentemente habría una gran pérdida de ozono, con el consecuente perjuicio para la vida en la Tierra, no sólo para el ser humano como afirman los autores, por el aumento de la radiación ultravioleta. Y qué más dará, si ese mismo humo nos sumirá en un invierno nuclear...

El caso es que nadie apriete el maldito botón, ni los dos lados de la concluida guerra fría, ni Israel sobre Irán si se arma, o viceversa, ni nadie, pues detrás de un botón vendrá otro, luego otro más, y el conflicto regional pasará a ser global, consecuencia: THE END. Para concluir eso ya podían haber invertido en la idea de O.L de los pedos de los dinosaurios.

Pero la ciencia ha dejado muchos ejemplos de gran inversión en I+D para hacer grandes estudios, os pongo algunos ejemplos:

En Medicina, el británico Brian Witcombe y el estadounidense Dan Meyer estudiaron los efectos secundarios de introducirse espadas por la garganta, llegando a la conclusión de que ocasionaban irritaciones. También, Francis M. Fesmire, realizó un informe titulado: "Interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar".

En Química, la japonesa Mayu Yamamoto encontró un método para extraer esencia de vainilla de los excrementos de la vaca. (Vaca, rumiante, metano, pedos, dinosaurios, siempre se acaba en lo mismo...). Y por supuesto Jacques Benveniste, quien descubrió que el agua es un líquido inteligente, y demostró que el agua puede recordar eventos pasados, aun después de que no queden rastros de ellos.

En Física, L. Mahadevan, de la prestigiosa Universidad de Harvard, y Enrique Cerda Villablanca, realizaron un serio estudio sobre cómo se arrugan las sábanas. También Arnd Leike que demostró que la espuma de la cerveza obedece la ley matemática del decaimiento exponencial. Sin olvidar que Jack y Rexella Van Impe, descubrieron que los agujeros negros satisfacen los requisitos técnicos para ser la localización del Infierno. Por no hablar del estudio de Len Fisher, con el que calculó la forma óptima de mojar una galleta.

En Acústica, D. Lynn Halpern y Randolph Blake, realizaron experimentos para entender por qué a la gente le desagrada el ruido de las uñas arañando una pizarra.

En Biología, Bart Knols y Ruurd de Jong, demostraron que el mosquito Anopheles femenino, transmisor de la malaria, se ve tan atraído por queso limburger como por el olor de los pies humanos. También, Buck Weimer inventó el “Under-Ease”, una ropa interior hermética con un filtro de carbón reemplazable que elimina los gases malolientes antes de que escapen.

En Matemáticas, Nic Svensons y Pier Barnes, calcularon el número de fotografías que hay que tomar a un grupo para asegurar que todos los que posan aparezcan con los ojos abiertos en la imagen.

Y esto son sólo unos ejemplos, ¡verídicos!, de mala inversión en I+D, pero si os molestáis un poquito en buscar más, os encontraréis con un ingente número de estudios tan tontos, cuyos autores por el hecho de publicarlos merecerían perder el título y devolver la cuantía de su beca.

Así me despido por hoy esperando que los países desarrollados y los países del mundo inviertan muchísimo en I+D, pero con cabeza, tratando de buscar soluciones a la contaminación, al agotamiento energético, a las grandes enfermedades, etc. Espero que por hablar de todo esto no merezca ir a la hoguera, pues los merecedores del castigo purificador no son más que los científicos e investigadores que malgastan su tiempo, su cerebro (si es que lo hay) y el dinero de sus inversores en estudiar perogrulladas o sandeces como el agujero de ozono tras una guerra nuclear.

¡Buenas noches!

2 comentarios:

romina dijo...

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Opinador Lenguaraz dijo...

Gracias por tus amables palabras sobre mi blog Romina.
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Un saludo.