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domingo, 3 de agosto de 2008

Sobre el mal afamado Mesón de Cándido.

Durante este verano ya he realizado un viaje de vacaciones para huir de los calores veraniegos propios de la zona, y también para aislarme de las ruidosas fiestas de mi pueblo.

El viaje consistió, en una primera etapa, en conocer la gastronomía típica de Castilla, en particular de Ávila y de Segovia, para luego perdernos en el norte, con sus noches fresquitas y con ese color verde que poseen Cantabria y Asturias, algo muy distinto a lo que se ve por Alicante.

El final del viaje estuvo muy bien, descansado, con tranquilidad y disfrutando de la gastronomía del lugar con fabada, pescado, mariscos, etc. Pero del principio salí un poco defraudado, más que nada de la gastronomía.

En Ávila verdaderamente probé un buen chuletón de Ávila claro, que a pesar de no ser en lugar de reconocido prestigio, estaba bastante bien, y más teniendo en cuenta que nos sirvieron a una hora bastante tardía...

Pero lo de Segovia fue otra historia, y eso que era una de las piedras angulares del viaje. Tengo que decir que monumentalmente hablando Segovia tiene cosas dignas de ver, como su archiconocido acueducto, su catedral y su alcázar entre otras cosas. Sin embargo, en cuanto a la comida, los componentes del viaje nos quedamos bastante desangelados.

Evidentemente, yendo a Segovia teníamos que comer en el famosísimo Mesón de Cándido. Para lo cual, con mucha ilusión, reservamos mesa unas semanas antes y así poder estar allí a las dos de la tarde y disfrutar tranquilamente de una opípara pitanza, o eso pensábamos...

Así, tras salir de Novelda a las ocho de la mañana, algo impensable en vacaciones para mí, nos fuimos en coche con el fin de llegar tranquilamente a Segovia y completar uno de los mejores puntos del viaje, comernos un cochinillo del Mesón de Cándido, famoso en el mundo entero.

Llegamos a nuestro hotel, y con prisas e ilusión nos vamos en busca del acueducto, al lado del cual se encuentra el Mesón de Cándido. Y sí, allí nos lo encontramos. El acueducto era soberbio y la fachada del mesón también.

Listos para entrar a comer y aflojar nuestras correas nos atiende en la puerta un señor vestido de blanco, al que al decirle que tenemos una reserva nos dice, que subamos y hablemos arriba, donde nos tienen preparada una mesa con unas vistas estupendas...

Una vez llegamos nos sientan en la mesa de tan estupendas vistas, a una hermosa pared claro. Y es que los salones del Mesón de Cándido tienen unas bonitas vistas al acueducto, menos nuestra mesa, desde la que ni estirando el cuello podías llegar a ver nada del exterior del mesón. Lo fácil es pensar que el señor de blanco atiende así a todo el mundo, y lo dijo por decir, y no que fuese una broma carente del más mínimo gusto.

Pero bien, tras ello nos atendió Alberto Cándido, el hijo del famoso Cándido, y responsable ahora de llevar adelante ese famoso mesón, por cuarta generación creo, el que nos saludó y nos preguntó de dónde veníamos, deseándonos que todo fuera de nuestro agradado. Parecía que la cosa mejoraba...

Sin embargo, la cosa lo único que hizo fue empeorar. Nos atendió una especie de camarero, bien vestido como corresponde, pero cuyas maneras se habrían perdido en los tiempos del anterior Cándido. Pedimos unos entrantes y vino para remojar el paladar, pero cuando nos trajo el vino nos quedamos muy extrañados de que nos dejase la botella de mala manera en medio de la mesa y no nos sirviese. Cosa rara en un restaurante de tan alta catalogación en todas las guías, empezaban pues a ir cayendo los tenedores que se le otorgan así como nuestras ilusiones. Pero bueno, por suerte los entrantes estuvieron bien, lo cual nos animó.

Y llegó la hora esperada, la hora del cochinillo. Mi primera desilusión fue que no nos partiesen dicho cochinillo con el plato, como estábamos acostumbrados a ver en la tele, pero bueno, seguro que estaba de muerte, ¿o tampoco?

Pues sí, tampoco estaba de muerte, o más bien sí la verdad, de condena a muerte para el cocinero, porque menos cochinillo parecía de todo. Es triste decirlo, pero lo que más me gustó fue la piel. El cochinillo brillaba por su ausencia ya que la mayor parte era manteca y huesos, tal vez nos tocaron las raciones malas, pero ¡ya es casualidad que fuesen a parar todas a la misma mesa! Me habían dicho que podía ser que el cochinillo tuviese sabor a leche, pero la verdad es que lo tendré que comprobar en una próxima ocasión, ya que en esa el poco cochinillo que no era hueso, manteca o tendones, a lo que sabía era a pollo.

Mientras nuestro camarero seguía tratando con un “gran” respeto a todos los clientes, ahora después contaré una de las mejores anécdotas de su servicio, pedimos el postre y nos llevamos la última decepción, pues los postres tampoco merecían la pena. Pero así defraudados y desilusionados pudimos observar lo que ocurría en la mesa de al lado. En ella había una familia con niños pequeños, uno de ellos se levantó, y el camarero raudo y veloz le dijo al cabeza de familia: “Le traigo la cuenta, ¿no?”, a lo que el señor respondió: “Primero el postre y después si acaso, la cuenta”.

Y así nos fuimos, no sin pagar lo justo por comer en un restaurante de lujo, aunque habíamos comido peor que en otros de menú que hay en cualquier lugar, y en los que los camareros o camareras, sin uniformar, te tratan como un auténtico rey.

Con esto lo dejo por hoy. Estoy bastante tranquilo, ya que mis palabras hoy no me pueden llevar a la hoguera porque lo único que digo es la verdad de lo vivido en tan famoso mesón. Pero los que sí merecen el justo castigo del fuego purificador son los nuevos responsables del Mesón de Cándido por permitir que un buen restaurante de fama mundial se eche a perder debido a la mala calidad de la pitanza y más que nada al nulo nivel de su servicio, ya que nuestro camarero no dejó de hacer méritos para perder su puesto. Si alguien ha tenido alguna experiencia en tan famoso, aunque infundadamente según yo, mesón, y la quiere compartir que me deje un comentario.

¡Buenas tardes!

7 comentarios:

Akiba dijo...

Hombre, Lenguaraz, fuisteis víctimas de la fama. Por veteranía, y por conocerme el trayecto Alicante-A Coruña, como el pasillo de mi casa, te diré que, cerca de Segovia, en la Granja de San Ildefonso, el Restaurante Canónigos hubiera colmado vuestros deseos gastronómicos. Y aligerado el peso de la faltriquera, porque barato no es. Lo conocí gracias a Dios, o sea, que pasando por la puerta comenzó a diluviar, sobre la hora de comer, y no hubo opción. Allí aprendí a comer carne. Otra vez, preguntais al gurú del norte. Que para eso nací allí.

Opinador Lenguaraz dijo...

Sin duda que fuimos víctimas de la fama Akiba. Pero más trise me pone aún, saber que estuvimos en el pueblo de la Granja de San Ildefonso, como también en el palacio real, sí, en minúsculas, y en sus jardines; y que no probamos la comida de ese restaurante que tú comentas.
Por el norte todo estuvo bien, incluso la fabada musical...
Un saludo.

Akiba dijo...

Hay una norma, que sigo siempre que viajo, que es la de buscar el bar o restaurante con cocineras desgreñadas, y no demasiado limpio. En Asturies, en el Valle de Teverga, anduvimos por un bareto, donde para entrar al comedor había que transitar por la cocina. La típica fabada y el pote Tevergués, buenísimo, fueron nuestro menú. Menú para el V Regimiento de Infantería, pues había comida para unos trescientos. Luego el postre: arroz con leche, y azucar quemado por encima, servido en el bol del abuelito de Heidi: unos 750 ml de arroz con leche por barba.
Si volveis a Asturias, no dejeis de convivir unos días en el Parque Natural de Somiedo. El paraiso.

Anónimo dijo...

A mi parece que estais echando tierra encima a un sitio donde ademas de tener nombre,se come de maravilla,por experiencia propia,hay que tener en cuenta que no todos los platos,aunque sea el mismo, salen igual y ademas no todos los dias un camarero tiene buen dia.Cierto es,que para unas vacaciones donde vas con ilusion y ganas de que todo salga perfecto,no dejas pasar un error en los planes que tenias en mente.

Opinador Lenguaraz dijo...

En primer lugar a Akiba:
La verdad es que habrá que consultarte para posteriores ocasiones en que viaje a la vieja Castilla. Tomo nota de lo de Asturias, queda ahí por si voy al norte en otra ocasión.
Y yo te puedo decir experiencias en donde el indicativo de cantidad no es calidad, ni siquiera con un vino que te haga olvidar la comida, je, je, je.
Y en segundo lugar para la anónima comentarista, mi intuición me dice que eres fémina...
Yo no trato de echar tierra sobre nada, tan sólo contaba mi experiencia en tan afamado mesón, que fue bastante mala, pero claro cada uno cuenta lo propio.
Tener comentarios positivos puede ayudar a una futura visita, aunque la verdad es que lo tiene bastante negro. Y sí, el camarero puede tener un mal día, pero ya es casualidad...
Gracias por vuestros comentarios.
Saludos.

Melanoma dijo...

Creo que jamás has comido cochinillo,le sucede a mucha gente que habla sin saber,es triste pero es así...Hazlo en otro sitio y verás que no hay mucha dferencia...

Opinador Lenguaraz dijo...

Bueno melanoma,
La verdad es que no hablo casi nunca sin saber, pienso bastante las cosas antes de abrir la boca.
Respecto al cochinillo espero que en otros sitios sí sea muy diferente, ya que espero que esté bueno, muy bueno, como lo estaba el que se hacía, por desgracia en pasado, al horno de leña en un restaurante de la misma Novelda.
Lo que viví en el Mesón de Cándido, fue una experiencia bastante negativa, ya que hasta el postre falló, y eso que yo con que lleve chocolate me suelo conformar, pero a pesar de llevar chocolate ni siquiera merecía la pena.
Aplícate el cuento y no hables sin saber, haciendo suposiciones tal vez incorrectas, ya que yo no me inventé nada al hablar de mi experiencia allí.
Saludos.